27 de abril de 2017

Este pasado lo vamos a ganar

A día de hoy es harto difícil saber cómo se valorará el descubrimiento de los historiadores Álvarez Tardío y Villa García. Se trata de un asunto serio, que no puede despacharse a la ligera, pero ¿será tenido por definitivo, se matizará, se olvidará pronto? La propaganda a velocidad de crucero no es cosa que se detenga de un día para otro. En todo caso de lo que habla su libro (1936: Fraude y Violencia)  es precisamente de esto: el pasado es algo que se escribe cada día y todo lo sabemos entre todos. Acaban esos dos investigadores de dar a conocer algunas actas electorales de febrero de 1936 que permitieron el triunfo del Frente Popular. Según sus investigaciones, labor de hormiguitas, minuciosos y tenaces arqueos de contable, las irregularidades acreditadas y patentes en el recuento de casi doscientos mil votos proporcionaron cincuenta escaños a las izquierdas, sin los cuales aquel triunfo habría quedado comprometido. Toda distopía a partir de este dato es legítima pero irrelevante, porque, sí, no sabemos si un recuento riguroso y honrado habría evitado la guerra civil y lo que ya conocemos de sobra.

Las interpretaciones de estos dos historiadores serán rebatidas o no por abusivas (los datos que presentan, no obstante, son irrebatibles), pero de momento añaden mayor complejidad a lo que era ya de por sí una maraña: el levantamiento militar de julio de 1936 sería, según su investigación, contra un Régimen legal (la República) que acaso no era todo lo legítimo que se suponía. 

El de la legitimidad de la República frente a los golpistas militares y fascistas ha sido durante años uno de los bastiones inexpugnables de los que perdieron la guerra. También durante ochenta años triunfó la idea de los perdedores, según la cual los mejores escritores e intelectuales se habían puesto del lado de la República. Esta se demostró hace ya tiempo no ya inexacta o discutible, sino falsa de toda falsedad, lo cual, dicho sea de paso, no hace mejores a los franquistas. ¿Qué sucederá con estas nuevas revelaciones? ¿Miraremos a otro lado con cinismo por conveniencia? No deberíamos. Porque el pasado es lo único que podemos ganar y compartir sin enconos: ya no duele. Y si duele, es que no es pasado todavía.

     [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 23 de abril de 2017]

PD. Y para los interesados en el asunto, aquí van dos muestras de lo que anuncia el artículo. La réplica de Santos Juliá al trabajo de ATardío y VGarcía, y la respuesta de estos a SJuliá.

27 comentarios:

  1. ¿Soy menos ladrón y pendenciero por robarle el trofeo a mi rival de un puñetazo si, con el tiempo, se descubre que él no jugó limpio? ¿Me volvería a invitar a jugar alguien, visto mi zafio proceder?

    ¿Sería juego limpio por mi parte, el quedarme el trofeo para mí cuarenta años, negándome a medirme (y arriesgar la copa) en más torneos?

    La razón no es tanto la que se “tiene” (aunque es mejor tenerla) como la que se defiende. Y con la democracia (y con la paz) sucede igual.

    Un militar golpista (como Franco) es un traidor siempre, en cualquier caso. Y lo sería aunque “golpease” dentro de una dictadura.

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    1. Vaya argumentación tan infantil, señor Bonifacio. Y más infantil aún eludir el reconocimiento de que el FP hizo trampa en las elecciones del 36 y eso ocasionó la guerra. Violar la legalidad importa mucho o nada dependiendo del violador.
      Seguro, además, que de haber ganado la guerra la República hubiera sido más clemente y benévola con los perdedores de lo que fue Franco el golpista. Contemos cuentos para dormir.

      Y, por favor, no caiga también en la tentación de asociarme a la derecha por discrepar con usted. Esa reacción consistente en que quien me rebate no es demócrata es otra de las retóricas baratas de la izquierda ramplona. En Andalucía, entre imputados e investigados hay en la actualidad 580 demócratas cuyo único pecado fue obrar como Robin Hood.
      Le damos la vuelta a la manivela, amigo Bonifacio?

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    2. Ernesto Corrochano27 de abril de 2017, 16:37

      Cuánta falacia y cuánta tontería incluso tantas décadas después. Las derechas llevaban urdiendo el golpe desde muchos meses antes de las elecciones y de los recuentos. Y se sabe, lo sabe todo el mundo, y los historiadores de modo muy especial y puntualizado. Ya lo habían intentado con Sanjurjo, otro gran "patriota contra sus conciudadanos". El colmo del delirio es argüir que "el Frente Popular hizo trampa y eso ocasionó la guerra". ¡Pero oiga, señor Anónimo, que esto de la trampa se sabe HOY, setenta años después! Con demostración, HOY (aceptando que esté demostrado, lo que no está claro, y concierne a los historiadores).

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    3. Señor anónimo:

      Los principios esenciales (como defender la democracia, sin por eso idealizarla) están antes que los (arañados) datos, del signo que sean. Nada de infantil en eso. Yo no veo las cosas a través del cristal de la política. Así que no etiqueto a nadie, descuide. Usted sí lo hizo conmigo, cosa que me es indiferente porque yo no defiendo ningún “bando”.

      La manivela puede girar de muchas formas. Lo que no es admisible es darle un martillazo para cambiarla por una propia (la que sea), así de simple.

      El muy derechista George Bush Jr. ganó la presidencia estadounidense en su día gracias (en parte) a una destrucción judicial de votos mal computados, que le podrían haber dado la presidencia a su rival (Al Gore). Y yo no aprobaría un “golpe” contra Bush por eso.

      Pese al señor Trapiello, creo que lo que tenemos que “ganar” es el presente y el futuro. El pasado, pasado es. No hay que hurgar eternamente en las heridas, pero tampoco es sensato empeñarse en rescribirlo.


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  2. Un militar no es un golpista si se levanta contra un sistema democrático que no defiende la libertad y la vida, es decir, los derechos humanos. No existe estructura política, por muy vistosa que esta sea, que este por encima de los anteriormente dicho y, entonces hay que levantarse, restablecer los derechos humanos y volver al punto de partida.

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    1. Ernesto Corrochano27 de abril de 2017, 16:44

      Es difícil encontrar una explicación más condensada del fascismo. La definición de "la libertad y la vida" quedan a cargo, naturalmente, del sublevado que tiene la fuerza. "Hay que levantarse, restablecer los derechos humanos.." ¿Restablecerlos tal vez lidiando izquierdistas en la plaza de toros de Badajoz? ¿Restablecerlos violando adolescentes ugetistas con la recomendación de Queipo de Llano? Es terrible la constatación: a muchos se les ha parado el reloj. Están en 1936.

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    2. Para Alsofi:

      Un golpista es un golpista, y si relativizamos eso, vamos mal. Otra cosa es estudiar todas las grietas que propiciaron el golpe, que no es lo mismo que arañar datos para justificar una postura (en realidad, ideología) concreta.

      La democracia no es una estructura “vistosa” (o “utópica”). Es una estructura de mínimos, para construir sobre ella la libertad, la vida y todo lo demás. En todo caso, ningún sistema garantiza esos valores como tal sistema, ni siquiera uno democrático.

      Pero un Estado de derecho (posible sólo en democracia) crea una base sine qua non para poderse acercar lo más posible a esos principios absolutos (y utópicos, ellos sí) que subraya usted de manera tan idílica y universalista.

      Pero (paradójicamente) reservada sólo a un bando concreto en su materialización según usted, tal como ya le han señalado.

      En todo caso, no es cuestión de bandos sino de valores. Y sobre todo, de defenderlos de verdad. Más que de ganar la guerra de "la razón final" a burro muerto, tal como ya dije. Aunque al burro ya no le "duelan" los golpes (aludiendo al artículo).

      Pues si relativizamos los principios (o nos escudamos en su imperfección para dinamitarlos desde dentro) acabaremos volviendo a matar al vecino usando su quijada.

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  3. Se van a poner muy contentos los franquistas recalcitrantes que quedan, y quedan a punta de pala. Como en el chiste del islámico que golpea a su mujer sin ton ni son, Franco no sabía por qué se rebelaba, pero intuía que alguna razón debía haber. Era un iluminado, un visionario (¿no le llamó Umbral César Visionario?).

    Al "tour de force" intelectual se le puede dar la vuelta: las izquierdas se vieron obligadas a manipular los votos (si es que finalmente se prueba, mediante consenso de los historiadores) porque intuían que si gobernaba la derecha toleraría un golpe de Estado.

    Qué juegos más divertidos con lo que pudo ser y no fue.

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    1. No, amigo, si gobernara la derecha no hubiera habido golpe de estado. Ese es el trascendental matiz que usted obvia.
      Cuando a unos no les gusta lo que descubren los historiadores inmediatamente lo ponen en duda y solicitan un CONSENSO. En cambio, si mañana nos desayunamos con una supuesta atrocidad franquista se acepta sin la menor reserva. ¿No se le llamaba maniqueísmo barato a esta aberración? ¿Qué se nos aconseja entonces a los que asistimos a los acontecimientos plegándonos exclusivamente al RIGOR? ¿Conviene recordar que en el verano del 36 en Madrid, cuya población era la quinta parte de ahora, se apiolaba cada noche, hasta mediados de octubre, a una media de 80 pérfidos burgueses por el mero hecho de ser católicos o parientes de militares o cedistas? ¿Fue mucho peor lo que ocurría mientras tanto en Badajoz? ¿Qué es la superioridad moral?
      JUAN MÉNDEZ

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  4. Reblogueo mediante enlace esta entrada en mi blog.
    Buen artículo, Sr. Trapiello, justa y ajustada reivindicación de lo que es el trabajo del historiador, "labor de hormiguitas, minuciosos y tenaces arqueos de contable".

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  5. Cuando hace unas semanas conocí la noticia de esta revelación me sorprendió que hasta ahora, y no justo al terminar la guerra, no se haya investigado al respecto. Era entonces el momento oportuno para el descubrimiento, no solo porque hubiera resultado mucho más sencilla la indagación, recién ocurridos los hechos apenas tres años antes, sino porque Franco era el primer interesado en airearlo y hasta hubiera podido amplificarlo tergiversándolo a sus anchas, tanto en España como en el exterior, donde el rechazo a su dictadura le empezaba a crear los primeros problemas. Con este comentario no pretendo poner en duda el trabajo de Tardío y Villa, es solo que uno no encuentra explicación a que hayan hecho falta ochenta años para confirmar una sospecha que casi desde niño venía escuchando. Cualquier día nos enteramos de que la carnicería de Yagüe en Badajoz afectó a bastantes menos víctimas de las que un lanzado Jay Allen aireó a los cuatro vientos sin recibir apenas contradicción. Saber la verdad, sea cual sea, debe congratularnos, sobre todo a los que hemos crecido a la sombra de la exageración tendenciosa de estribor y ahora nos llega de babor un estribillo marinero igual de feo.

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  6. A mí no me sorprenden los hallazgos de estos dos historiadores, a los que doy crédito sin vacilar. En una época convulsa como aquel año 36, es impensable que no se intentasen manipulaciones electorales. Siempre di por sentado que las habría habido desde todas las tendencias. ¿O es que hay alguien capaz de creer que en una España que venía del caciquismo, de la compraventa de votos, de la Semana Trágica, del voto coactivo del latifundio, las derechas no lo intentaron como las izquierdas? Sólo hace falta que otros historiadores se apliquen a fondo, como se han aplicado estos. Encontrarán su filón, caben pocas dudas. Vendrá luego la evaluación de otros pucherazos menos directos, el voto del miedo, la amenaza empresarial, el terror del infierno infundido por la Iglesia, y la influencia respectiva en el resultado. El pasado no ha hecho más que empezar.

    Naturalmente, ninguno de estos descubrimientos afecta lo más mínimo al carácter criminal del franquismo, a su abominable holocausto.

    No puedo sustraerme a cierta ironía, lo siento: ¿se han fijado en que uno de los historiadores se apellida TARDÍO? Wonderful!

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    1. Simplificación pueril: lo que hiciera la República estaba bien, los malos eran los otros. A este respecto, les usted el último libro de Cercas y sentirse vergüenza ajena de la cantidad de majaderías con que se explaya el buen Javier para insertarse en el grupo ridículo de los políticamente correctos. Novela mala donde las haya, y que me recuerda a Madrid de corte a checa, de Foxa.

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  7. Una vuelta de tuerca a la historia triste de España, para reflexionar y consolidar la necesidad de conciencia democrática. Parece una ironía
    De la Historia.

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  8. Conocía el artículo de Santos Juliá; no, en cambio, la respuesta de los autores. Pero, en cualquier caso, todo esto me plantea una cuestión, que creo que es la importante a estas alturas. Las derechas derrotadas entonces, ¿conocían la presunta manipulación, o la sospechaban? Si la respuesta es afirmativa, lo que les correspondía es denunciarla; NUNCA puede justificar, sin más, un levantamiento armado. Si es negativa, el levantamiento tiene menos justificación todavía: ninguna. Que la posibilidad de una manipulación (que, para mí al menos, no queda demostrada) sirva para justificar el levantamiento armado me parece delirante. Y, desde luego, sus atroces consecuencias (el "imponerse por el terror" que estaba detrás de tantos crímenes durante la guerra, la represión feroz después de ella, etcétera) siguen siendo lo que siempre han sido: horrores inaceptables. Y la de Franco, una dictadura criminal, sin paliativos.

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    1. El terror durante la guerra lo impusieron ambos contendientes en la medida que pudieron, y en la posguerra solo pudieron imponerlo los vencedores. En cualquier guerra civil las secuelas duran inevitablemente muchos años
      JUAN MÉNDEZ.

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    2. Tampoco deja de ser curioso que al terminar la guerra los republicanos sospecharan posibles apoyos para derrocar a Franco en los "demócratas" aliados, olvidando o ignorando que en julio del 36, sobre todo Inglaterra, junto a la sumisa y errática Francia, habían acordado un pacto de no injerencia (en realidad una bajada de pantalones ante el pánico que les suponía Hitler) en nuestra contienda, dejando a la República literalmente al pairo. A Eden, y no menos a Baldwin, le pesó más el desprecio que sentía por España que la exigencia moral de ayudar a un país "hermano en la democracia" amenazado por el fascismo. Y se abandonó sin el menor pudor a la hipocresía al decretar un bloqueo naval por el Mediterráneo con su poderosa Navy que permitía la llegada masiva a levante con armamento de los barcos italianos e impedía el paso de los rusos. Vital fue esa decisión durante los primeros días.
      Curioso, digo, tanto furor y entusiasmo por la causa aliada, como si el único enemigo de la República hubiera sido Alemania.
      Ningún historiador niega que estuvo en la voluntad de los ingleses detener el conflicto cuando saltaron las primeras chispas. Quien ponga en duda mis palabras puede interesarse por conocer los detalles del asunto narrados espléndidamente por Viñas y Enrique Moradiellos. A mí me causaron asombro y más aún que se desconozcan masivamente, aunque en este espacio seguro que los conocen todos y además mucho mejor.

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    3. Le cito un par de declaraciones de Mola: "Sembrar el terror... eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todos los que no piensen como nosotros". "Yo veo a mi padre en las filas contrarias y lo fusilo". (¡Angelito!). Y una del propio Franco, en célebre entrevista de Jay Allen: "Salvaré España del marxismo, cueste lo que cueste". Le pregunta Allen: "¿Eso significa que tendrá que matar a la mitad de España?". El general Franco sacudió la cabeza con sonrisa escéptica, pero dijo: “Repito, cueste lo que cueste".

      Lo de "imponerse por el terror" fue un plan sistemáticamente ejecutado (nunca mejor dicho) por las tropas "nacionales". La barbarie republicana, que la hubo, no obedeció a ningún plan sistemático, sino a la actuación de grupos concretos, y el gobierno republicano se esforzó generalmente en luchar contra ella. Compare el "cueste lo que cueste" de Franco o el "sembrar el terror" de Mola con el "paz, piedad, perdón" de Azaña (o el "Combatimos por la libertad de todos, incluso la de nuestros adversarios", del mismo).

      Los dos bandos, en eso, no fueron iguales; ni siquiera comparables.

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    4. El maniqueismo es como el café, muy socorrido para templar el estómago a cualquier hora del día. Y el anecdotario como la compañía para la merienda y de un sabroso bizcocho.
      Hágame caso a la recomendación gratuita y verá usted cómo está noche sueña con los angelitos y no con los demonios.
      JUAN MENDEZ

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    5. Dice usted que "el gobierno republicano se esforzó generalmente en luchar contra la barbarie".
      Me gusta lo de "generalmente". Se le podría contestar a un juez: "Yo, generalmente, no soy un delincuente".
      Pero, en fin, si en vez de hablar usted de memoria lo hiciera con un poco de rigor sabría que cuando el gobierno empezó a interceptar a los milicianos salvajes, estos ya habían apiolado a casi 8.000 civiles.
      Decida usted, amigo, si el hecho y la cifra son importantes o anecdóticos. Pero las orejeras impiden admitir la verdad.

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    6. Gracias por lo de las orejeras. Pero esa cifra, con ser importante, nada tiene que ver con las del otro bando; dejando aparte el que lo que dice no desmiente, sino confirma, lo que yo decía: las atrocidades republicanas NO FUERON COSA DEL GOBIERNO (que, como usted dice, las "interceptó"); todo lo contrario que las "nacionales", que si fueron parte de un plan deliberado de exterminio (y le recuerdo las declaraciones de Mola y Franco, y las de Azaña). Repito: unos y otros, en eso, no fueron iguales; ni siquiera comparables. Claro que, como usted dice, hay quien sólo admite los hechos que confirmen sus prejuicios, los otros ni los ve ni quiere verlos. ¡Las orejeras!

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    1. Como siempre, Silvio, usted se pone al teclado y en un par de minutos soluciona la cuestión, sea cual sea. Qué maravillosa ingenuidad la suya.
      Un abrazo muy intenso y que Dios le conserve la lucidez.

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  10. De haberse sabido el resultado de estas investigaciones justo después de la guerra, Franco las habría aireado, explotado. Como no se supieron, el levantamiento sigue siendo un acto feo, de poca educación como poco, criminal, como dice Xerxes; también, incluso si se hubieran demostrado entonces. ¿Deberíamos poner en duda la legitimidad de gobiernos del PP sabiendo como sabemos que las han ganado gracias a financiaciones ilegales, que es como correr dopado? Algunos contestarían que sí, como quitarle los tours al ciclista americano. Las derechas también exageraban los disturbios: “¿Qué tiene que ver el triunfo electoral de las izquierdas con el virgo de las mozas de Jumilla?”. Azaña justo después de que Sánchez Guerra le confirmara que la noticia de las violaciones era falsa. En todo caso: 20 de febrero, Diario de Azaña: “En Alicante han quemado alguna iglesia. Esto me fastidia. La irritación de las gentes va a desfogarse en iglesias y conventos, y resulta que el Gobierno republicano nace, como en el 31, con chamusquinas. El resultado es deplorable. Parecen pagados por nuestros enemigos”.
    De todas formas el pasado ido está. Nada cambia porque, como decía Kierkegaard:
    “La vida debe ser vivida en prospectiva, pero solo puede ser comprendida en retrospectiva”.
    Emilio Gil

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  11. Amigos, el caso es que de poder contrastarse está información sin el menor género de dudas hay que sacar dos conclusiones:
    Que la mitificada izquierda era igual de cochina y tramposa que la derecha.
    Que los insurgentes no se levantaron contra un Régimen legalmente constituido.
    Aceptando estas dos consideraciones habría que empezar a hacer muchas más.

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  12. Lamento disentir de AT, pero “el descubrimiento” de los autores del libro no es tal. El fraude en las elecciones era sabido desde hace tiempo, los testimonios y pruebas eran muy abundantes. Lo que sí han hecho estos señores, y resulta digno de encomio, ha sido estudiar puntillosamente los datos para ratificar lo que ya se sabía.

    En todo caso, hay un dato que tampoco puede dejarse de lado, y es el modo en el que el Frente Popular destruyó el orden legal y constitucional desde que llegó (fraudulentamente) al poder, dato igualmente conocido (quema de iglesias, ocupación de fincas, alteraciones constantes del orden público, cierre de periódicos de derechas, asesinatos políticos, cierre de colegios privados, caótico funcionamiento del Parlamento, etc.), aunque no forme parte del estudio que comenta AT.

    Sin olvidar, claro está, cuál era el programa con el que el FP se había presentado a las elecciones, totalmente inconciliable con cualquier criterio actual de “democracia”. (El que tenga interés en él, antes de ponerse a insultar y a utilizar repetidamente la palabra “fascismo”, seguro que puede encontrarlo fácilmente en Internet).

    Todo ello, hasta llegar, por ejemplo, a la amenaza -rápidamente cumplida- de Galarza a Calvo Sotelo en el Congreso: "Pensando en Su Señoría, encuentro justificado todo, incluso el atentado que le prive de la vida". (Palabras que uno habría motejado de “ominosas”, si no fuera por conocer la poca querencia que le tiene al término nuestro admirado propietario del blog).

    En fin: antes de que alguno tenga la tentación de reaccionar a todo esto con insultos, me permito recordar que se debe opinar a partir de los hechos, no en contra de ellos.

    David Fdez.

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  13. En todo caso este libro, y algunos otros, rebaten lo que Andres Trapiello decía el 7 de octubre de 2012 en el ABC hablando de las heridas de la Guerra Civil: "Podemos hacer cosas para que se produzca la cura de esas heridas más deprisa. Llegar a algunos acuerdos. Primero, acordar que fue un golpe de Estado contra un régimen legal, algo elemental que aún no se ha votado en el Parlamento, aunque personalmente haya diputados del Partido Popular que te dan la razón y creen que se debería hacer. También reconocer que la República representaba los principios de la Ilustración y que la sublevación iba contra esos principios." Eso de que la República en el 36 era un régimen legal y de que representaba los principios de la Ilustración no se ajusta a la verdad histórica.

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